Valentina está cansada de ver sufrir a su madre por esos terribles dolores y de la impotencia de su padre, que no puede ayudarla porque no tienen el dinero suficiente para el tratamiento, cuyo costo asciende a varios millones. Todos en casa se han sacrificado para conseguir algo de dinero extra, pero no ha sido suficiente.
Su padre, jardinero de los ricos del norte, apenas gana un salario mínimo trabajando para la familia Carranza. A veces logra conseguir algo más realizando pequeñas tareas para los vecinos. Valentina también trabaja como niñera de medio tiempo para cubrir sus gastos personales, parte de su colegio y contribuir con los gastos del hogar. La situación era ya insoportable para todos, pero mientras llegaba una solución, debían seguir trabajando horas extras para sobrevivir.
Se acercaba la finalización del colegio, y Valentina ya pensaba en ingresar a la universidad. Su sueño era estudiar medicina para ayudar a personas con cáncer que sufrían los mismos dolores que su madre. Había investigado qué universidad ofrecía calidad educativa a costos accesibles, pero estudiar medicina era muy caro. Jamás podría costear la matrícula, los semestres, los libros, una buena computadora para realizar las tareas y una conexión de banda ancha estable. ¡Dios, cuánto costaba estudiar! —se dijo.
Muy temprano, don Luis se levantó, organizó sus herramientas y preparó un poco de café para calentarse en aquella fría mañana. No quiso despertar a Valentina, era sábado y prefería dejarla descansar un poco más. Tomó su bicicleta, que guardaba debajo de las escaleras que llevaban al segundo piso de su pequeña vivienda. En la parte trasera del asiento tenía una parrilla donde aseguraba su caja de herramientas. Afuera hacía un frío infernal y comenzaban a caer algunas gotas de lluvia. Se puso............
Comentarios
Publicar un comentario