Obsesión.
No
tener a donde ir, no tener con quien contar, fue una sensación de abandono y
tristeza, así se estaba sintiendo Bella; hacía 2 años que había ingresado al
centro de ayuda para jóvenes con problemas de comportamiento; ahora ya se
encontraba afuera nuevamente, por tener mejoras en su comportamiento.
Así
como entró de la misma forma salió, sin ninguna posesión, solo unas pocas ropas
deportivas viejas y desgastadas, al igual que sus zapatos. Lo único bueno del
centro de ayuda, fue haber estudiado y pronto sería toda una profesional,
además de aprender muchos conocimientos con los que podría trabajar y ganar
dinero, ahora ya estaba nuevamente en la calle sin saber por dónde empezar.
Llamó
a la puerta de la casa donde había crecido con la familia Martínez, personas
que siempre la hicieron a un lado, nunca la trataron como miembro de ellos, por
eso ella se mantenía en la calle, en el parque o con sus amigas que la trataban
como si fueran su propia familia; pero esas amistades y mantenerse en la calle,
siempre la hacían meter en problemas con otros chicos.
La
puerta se abrió y Dina, al verla llamó a su madre, no le permitió entrar a la
casa cerrándole la puerta en la cara. La puerta se abrió nuevamente, era María,
estaba muy molesta, al punto de gritar a Bella. ¿Cómo te atreves a venir a esta
casa, después de todo lo que nos hiciste?
--
Tía… ¡Yo no tengo más a donde ir! - Dijo Bella encogiéndose de hombros, puesto
que se encontraba muy nerviosa.
--¡No
me llames Tía! ¡No somos familia, porque mi madre te haya encontrado, no sé
dónde, no te hace ser parte de nuestra familia! ¡Así que lárgate de mi casa!! –
cerró la puerta fuertemente, dejando a la joven ahí de pie, sin saber qué decir
o hacer.

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