El “dejar ir”, casi siempre es un arduo proceso, aunque sucede de manera natural cuando una persona se percata de que una situación, conducta, persona u objeto ya no cumple con ciertas funciones, entonces se hace una revaloración cognitiva, decidiendo dar un paso adelante.
Duele el desamor y la traición, por eso muchas veces las personas se aferran a las mentiras que les cuentan y que “ellos mismos se cuentan”, así hacen la realidad más llevadera. Atentamente: La Negación
Cuando estás en la etapa de la “negación”, bloqueas partes importantes de tí mismo, puedes perder oportunidades para cambiar y crecer, para poner al servicio de los demás tus talentos y beneficiarte con ello, así como perder valioso tiempo para estar en contacto personas que realmente te aprecian y viceversa.
Caer en la negación, nos ayuda de manera inicial a procesar lo que sucede, por ello es un mecanismo de defensa. Sin embargo, es aconsejable avanzar. Cuando no se tienen bien identificadas las emociones y sus motivos, la persona puede sentirse hastiada por el hecho de experimentar ciertas situaciones una y otra vez, como en un laberinto sin salida
Proceso
de cambio y liberación
El dolor de dejar que algo o
alguien queridos se quede atrás en el tiempo y la memoria no es un acto de
rendición, sino de resiliencia.
La vida es transitoria, así como los vínculos que hacemos a lo largo de ella. Los conflictos emocionales pueden desgastar, emplear gran parte de tu tiempo, energía y en ocasiones pueden hacer que pierdas el enfoque para dar solución y continuidad a lo que puedes hacer. ¿Cuántas responsabilidades, preocupaciones o cargas extra llevas sobre ti? ¿Te resulta cómodo llevar ese “peso emocional extra” a todos partes que vas? Quizás podrías aligerar parte de ese peso y así poder fluir más libremente por la vida.
Sin embargo, es complejo
y es uno de los que más sufrimiento nos ocasiona. En este sentido, son muchas
las situaciones en las que nos podemos encontrar al dejar ir alguna cosa:
- Romper
una relación.
- Perder
a un ser querido.
- Dejar
ir es el proceso más natural de la vida.
El acto de dejar ir implica un
gesto de valentía y de autoconocimiento. Es necesario saber percibir dónde
están nuestros límites y qué es aquello que de verdad queremos para nosotros
mismos.
Somos conscientes de que nadie
tiene la felicidad garantizada en la palma de su mano, sin embargo, tenemos
derecho a entrelazar, en un momento dado, nuestros dedos en otra mano que nos
colma de emociones, y que, de algún modo, nos ha de ofrecer bienestar.
Si ese compañero o compañera
que llevábamos de la mano nos acaba guiando por el sendero de la infelicidad,
es necesario soltarnos para buscar nuestro propio camino. Y lo haremos, aunque
exista el amor, porque a pesar del cariño y la pasión, no todas las relaciones
son sabias, ni todos los amores entienden el lenguaje del respeto.
Una buena autoestima, y una
actitud fuerte que defienda nuestra propia dignidad, será siempre quien nos
guiará lejos de estas situaciones para no quedar movilizados, sometidos al
sufrimiento. Porque madurar es también dejar ir a quien no se quiere quedar.
Te cuesta trabajo regular tus emociones, puedes buscar maneras de expresarlas más sanamente, de modo que puedas estar auto contenido y no te dañes a ti mismo, ni a los demás: Tú puedes ser tu propio “regulador”. La cultura, el arte y los deportes son un gran medio para estos fines, pues a través de estas actividades puedes: “dejar ir” tus emociones de manera sana. Cuando estas opciones no son suficientes es necesario buscar ayuda psicológica profesional.
La vida te enseñará por quién
debes luchar y a quién es mejor renunciar
En este proceso intenso de
soltar, de liberarnos de lo que nos hace daño, de quien no nos quiere o de
quien nos quiere mal, abrimos a su vez un interesante procedimiento en el cual
descubrimos todo aquello que de verdad importa.
ü No
importa si a lo largo de ese camino nos quedamos con muy pocos.
ü Da
igual si son solo cuatro las personas que tienes a tu lado.
ü No
importa si son dos los intereses en los que has decidido centrar tu vida.
ü Si es
lo que te hace feliz, si son esas personas, esas cosas las que de verdad
enriquecen tu mente y tu corazón, entonces todo el desprendimiento que has
llevado a cabo habrá merecido la pena.
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